(Extraído monografía de caso – Laura Miskowski – 2005)

En el trabajo con Constelaciones Familiares se actúa desde un encuadre fenomenológico que significa que se observa lo que la constelación muestra procurando prescindir de conocimientos previos o prejuicios. Para Bert Hellinger, fenomenología en el ámbito de las Constelaciones Familiares constituye: “me expongo a un contexto mayor sin comprenderlo. Me expongo a él sin la intención de ayudar, y sin la intención de probar nada…. Me expongo a todo tal como es…. Y mientras me expongo a ello, de repente, como un relámpago, destella la comprensión de algo que se halla detrás de los fenómenos”.

Este enfoque fenomenológico respalda el guiarse por los hechos tal cual como aparecen, lo que implica sin intención. Pero su visión va desde un punto de vista estrecho a una percepción más amplia, lo que entraña sin miedo, sin miedo a lo que salga a luz. A esta percepción Hellinger la define como “comprensión en la renuncia” , ya que demanda renunciar a cualquier propósito, aun cuando sean buenas intenciones. También exige valor, como actitud libre de temor a lo que se percibe, alude estar a la altura de aquello que aparece. Sin el asentimiento a aquello que se muestra la constelación carece de fibra y profundidad. El resultado es una nueva comprensión que deriva del estar en concordancia con la realidad, el encararla y asentir tal como es.

Esta orientación es requisito para todo el trabajo, tanto para el cliente, para los representantes y para el grupo en general. Más cobra notable importancia en lo que atañe al terapeuta pues es el que conoce el punto de vista y está a cargo de guiar y abrir el espacio de la constelación. La propuesta de ingresar al misterio libre de deseos invita a tener actitud de no acción, sugiere que el terapeuta obtiene la mayor fortaleza cuando vacía su mente de toda ambición y suposiciones, se retiene en el actuar y, sencillamente, es potenciado por “lo que es”. Así el terapeuta puede avanzar en una vía que no depende de su introvisión. Sin embargo, esto no quiere decir que no es necesario que haya pulido su mente con vasto y profundo estudio teórico y práctico, sino que este conocimiento debe operar en el trasfondo. El coordinador es testigo receptivo a lo que se presenta de modo espontáneo, permanece ante los acontecimientos siendo uno con ellos y, generando vacío interno, permite ser penetrado por una energía mayor. Así impulsa movimientos y luego se retira y puede nombrar lo que no ha sido nombrado quedando libre por estar en comunión.

Una vez definidos el motivo de la consulta y los hechos que intervienen, el terapeuta sintoniza y se abre al efecto de lo que el cliente expresa accediendo a una imagen del sistema, entonces da pie a que el cliente configure a determinados miembros de la familia. Es el punto de partida. El terapeuta participa de la constelación como un representante más y se expone a una fuerza mayor. Inicia un movimiento y entonces se muestra si otra persona debe entrar o no. La percepción del proceso le indica lo que es esencial y los pasos a dar. Siempre regulando este accionar a través de la repercusión que le sigue.

Dar la bienvenida a lo que se despliega en la constelación renunciando al control y, concentrándose en la experiencia directa e inmediata, habilita el entrar en contacto con un saber que no ha sido transmitido exteriormente y produce efectos de un alcance inaccesible para nuestro actuar planificado. A través del proceso se abre un campo de fuerza mayor y surge algo que desenmascara lo que estaba oculto. Es este campo conciente, que Hellinger llama “alma conciente”, el que sobrepasa, dirige y encuentra soluciones.

Es así como el terapeuta mira los fenómenos y, sin embargo va más allá de ellos. Ya que, sintonizado con el consultante, atento a la cuestión planteada y sin ninguna intención determinada, propicia el mirar más allá de lo que resulta apreciable en el momento… abrazando la amplitud… orientándose al todo y favoreciendo así el espacio para que los movimientos del alma se manifiesten. Y cuando nos referimos al alma, aludimos al alma del cliente, al alma de la familia (que une a todos los miembros de esa familia) y a un alma mayor que nos une a todos. A esa alma mayor que nos involucra a todos, Hellinger la ha llamado el Gran Alma. Es esta Gran Alma la que sobrecoge y asume a todos los que presencian el trabajo. Es la fuerza invisible que guía al terapeuta y a los representantes a la imagen de solución en donde los excluidos son reconocidos y honrados, lo que estuvo olvidado recordado y lo separado es reconciliado.

“Reconocer lo que es, Conversaciones sobre implicaciones y desenlaces logrados” – Bert Hellinger y Gabriele ten Hölvel. EditHerder.

“Religión, psicoterapia, cura de almas, textos compilados” Bert Hellinger.- Edit. Herder.